Autopasione Aniversario

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de probar en profundidad el vehículo objeto de esta entrada, y he querido dejar pasar algo de tiempo antes de ponerme a escribir. Más de dos mil kilómetros, entre ciudad, carretera general, autovía y carretera de montaña, que me sirvieron para hacerme una idea muy aproximada sobre lo que quería plasmar. Pero la diferencia de sensaciones entre los primeros días y el día que lo entregué de vuelta me aconsejaban reposar y ver con perspectiva las sensaciones que me había provocado el Toyota C-HR.

Para los que sentimos el automóvil como algo pasional, el ruido, el olor a gasolina quemada o las marcas de neumáticos sobre el asfalto forman parte intrínseca de esta “enfermedad”. Motores atmosféricos V12, V10 o V8 rugiendo (VER prueba Aston Martin Vantage 2019) y levantando el asfalto a su paso o, más recientemente, motores turbados con unas prestaciones de infarto en la parte alta del tacómetro.

Sin embargo, tener la suerte de conducir sin limitaciones un coche como el Toyota C-HR nos reconcilia con nuestra parte racional, y nos ayuda a entender que, en el Siglo XXI, donde la ecología es un valor en alza, debemos encontrar soluciones sostenibles al transporte de personas.

El consumo de combustibles fósiles, muy contaminante tanto en su extracción, transformación y posterior gasto, es algo que debe preocuparnos a todos. Por eso Toyota y Lexus, (VER prueba Lexus LC 500h) desde hace ahora veinte años, se han convertido en la punta de lanza de la investigación y el desarrollo de las energías sostenibles sobre cuatro ruedas.

Su primer Prius, todo un éxito de ventas entre cientos de miles de taxistas, confirmó que a día de hoy la fórmula híbrida eléctrico / gasolina, es el camino acertado a seguir para conseguir consumos muy ajustados, sobre todo en recorridos urbanos, y rangos de autonomía que no nos hagan depender de los todavía escasos puntos de recarga eléctrica de nuestro país.

A día de hoy, prácticamente toda la gama de Toyota y Lexus apuesta por esta solución tecnológica, lo que permite que podamos ver circular por el centro de las grandes ciudades muchísimas unidades de C-HR, modelo que con su pegatina ECO no se ve afectado por las exigentes normas anticontaminación.

¿y por qué un C-HR? Veamos

Exterior

Las marcas japonesas, hasta casi finales del Siglo XX, se caracterizaron por algo que sigue muy vigente a día de hoy, la excelencia y la eficiencia tecnológica. Muy temidas por sus rivales en todas las competiciones de motor por su fiabilidad y sus prestaciones.

Sin embargo, y a criterio de quien escribe estas líneas, poco se preocuparon del “envoltorio” salvo en los modelos más icónicos. La estética siempre al servicio de la técnica.

El Toyota C-HR viene a romper con esa tradición más “clásica” de los fabricantes nipones, con una estética muy agresiva, pero elegante, con formas muy angulosas a lo largo de todo el coche, los pasos de rueda muy marcados y una línea de cintura muy alta. Esto último provoca que a nivel visual percibamos el C-HR como un coche de dimensiones más grandes de las que realmente tiene. Y es su tamaño similar al de un compacto, lo que nos permite no tener que preocuparnos mucho a la hora de buscar aparcamiento.

A pesar de las licencias estéticas que hacen que el Toyota C-HR sea un coche que no pasa desapercibido y se aparte de los convencionalismos a los que nos tienen acostumbrados últimamente los fabricantes, los diseñadores de la marca han conseguido una gran eficiencia aerodinámica, que ayuda a reducir los consumos cuando el motor de explosión tiene que hacer su trabajo.

Aunque la gran altura de su cintura pueda provocar a los ojos la sensación de encontrarnos ante un vehículo todoterreno, la distancia libre al suelo es la de un turismo normal, por lo que entre el punto más bajo y más alto de la carrocería tenemos “mucho coche”.

Ello viene provocado, entre otras cosas, por la necesidad por parte de Toyota de situar las baterías eléctricas debajo de los asientos traseros, pero ayuda a que la habitabilidad interior, de la que posteriormente hablaremos, sea sobresaliente.

Es quizá la parte trasera del C-HR la que por poco usual, nos pueda resultar más extraña; un gran alerón que sobresale al acabar el techo, un cristal trasero muy tendido, que finaliza en una arista de la carrocería, y dos enormes faros traseros en forma de boomerang que podría recordarnos a alguno de los coches de la saga “Transformer”. Sería muy difícil poder describir al detalle la zaga de un C-HR a quien no pueda verla, porque es muy compleja y son muchos los elementos que nos llaman la atención. Éste es quizá uno de sus encantos, conseguir que el modelo sea distinto a cualquier otro que podamos encontrar en el mercado.

Como aspecto negativo, llamadme clásico, pero nunca me acostumbraré a las llantas de dos colores, y mucho menos a la combinación del negro brillo con el cromado. Siempre he pensado que la utilización de cromados en un coche, salvo que sea de representación, da la sensación de que la pieza ha sido puesta tras pasar por una tienda de “tuning”. Aunque esto va en función de gustos.

Por último, debemos hacer mención del pequeño tamaño de sus ventanas traseras, que ocupan un pequeño espacio en proporción con el gran tamaño de la puerta.

Podríamos decir que, a la vista lateral, el C-HR se asemeja a un gran coupé.

Interior

Decíamos anteriormente que a nivel de volumen la sensación del C-HR es que nos encontramos ante un coche grande, más de lo que sus mediciones podrían decirnos a priori.

Esta sensación se transmite al interior, donde se nota que Toyota ha pensado en la habitabilidad y la ergonomía.

Una vez abrimos sus puertas delanteras, el acceso a los asientos es muy sencillo, ya que el piso es muy bajo y la forma del salpicadero, sobre todo en la zona del acompañante, ayuda a percibir el gran espacio disponible.

Una vez al volante, los grandes butacones que tiene como asientos nos recogen perfectamente, lo que nos permite sentirnos cómodos tanto en pequeños trayectos, como, y así fue en mi caso, durante cientos de kilómetros en todo tipo de carreteras.

La visibilidad frontal existente desde los asientos delanteros es sobresaliente, ya que por un lado nos encontramos en una posición algo más elevada respecto de un turismo normal, y por otro, la luna es enorme.

No podemos decir lo mismo respecto de la visibilidad posterior, ya que la caída del cristal trasero provoca, echando vista al retrovisor, la sensación de un pequeño “efecto túnel”. No obstante, los grandes espejos laterales, cuyo tamaño es superior al de un compacto medio, ayudan a paliar esa información que nos resta el retrovisor central, máxime si las plazas traseras se encuentran ocupadas. Es quizá esa inspiración exterior a vehículo coupé la que provoque la sensación de cristal trasero pequeño.

La información a los ojos del conductor es completa, tanto en los diales que nos muestran el tipo de energía que estamos utilizando en cada momento (sólo eléctrica o eléctrica y térmica), en la pequeña pantalla que se encuentra entre éstos o en la pantalla del centro del salpicadero, justo a la altura de los ojos.

El volante multifunción ayuda a no tener que retirar las manos durante la conducción, ya que podemos controlar cualquier aplicación o equipamiento del coche.

La calidad de los materiales y los ajustes interiores de la unidad probada me han recordado a los coches japoneses de los años 80 y 90. Probablemente, si dentro de cuarenta años alguien condujese este C-HR seguiría sin encontrar un solo “grillo”.

El punto negativo del interior lo encontramos en las plazas traseras. Si bien son igual de cómodas que las delanteras, con espacio de sobra para las piernas, y la ausencia de túnel central ayuda a hacer útil la tercera plaza, una vez cerradas las puertas podemos notar algo de claustrofobia. Tal y como decía cuando me refería al exterior del coche, las ventanas traseras son muy pequeñas, siendo que la puerta ocupa prácticamente toda la zona.

Una vez sentados, observamos cómo la parte alta de la puerta invade nuestro lateral, justo a la altura de los ojos, quedando la pequeña ventana (tintada) más adelantada de lo que normalmente estamos acostumbrados en cualquier otro coche. Salvando las distancias, es lo mismo que ocurre al sentarse en las plazas traseras de un Rolls Royce o un Maybach.

¿y si me voy con toda la familia de viaje?

No te preocupes, el equipaje completo entrará sin problemas en el maletero, ayudado por un gran portón, de formas regulares, y con una altura considerable.

COMPORTAMIENTO

 Existen dos modos de conducir el C-HR: Circulando por ciudad y navegando por carretera.

La combinación del motor eléctrico y el de exposición en este vehículo se lleva a cabo a través de una caja de variador continuo CVT, que exige al “conductor medio” cierto aprendizaje para aprovechar al máximo la capacidad de ahorro de combustible.

Una vez pulsamos el botón de arranque, y si queremos conseguir medias de consumo inferiores a los tres litros de gasolina a los cien kilómetros, el Toyota C-HR requiere suavidad en el pedal de acelerador y en el volante. Es a bajas velocidades (circulando por ciudad) cuando sus virtudes se hacen patentes, ya no sólo por el silencio absoluto de su motor y la ausencia de emisiones, sino por una entrega constante de par desde parado de un motor eléctrico que funciona hasta los 50 km/h.

En ciudades como Madrid y con circunstancias de tráfico intenso, podemos llegar a dejar indemne el depósito de gasolina durante muchos kilómetros una vez nos hayamos habituado al freno regenerativo de energía y a evitar los poco recomendables acelerones y movimientos bruscos.

¿y qué ocurre cuando salimos a carretera?

La puesta a punto de suspensiones y dirección hacen del C-HR un coche perfecto para circular a velocidades legales por vías rápidas y autovías, en las que existan pocos cambios de ritmo. Nos permite devorar kilómetros sin acusar el cansancio en viajes largos.

En cambio, cuando tenemos que afrontar adelantamientos en carreteras generales, grandes cuestas o recuperaciones, el híbrido japonés saca a relucir sus dolencias. Toyota ha anunciado la presentación de un C-HR, antes de finales de 2019, con 190 cv de potencia. Esta motorización se me antoja absolutamente necesaria en los escenarios que acabo de describir, ya que los 125 cv del actual se ven lastrados por sus más de 1.800 kg de peso.

Y no es que no sea capaz de adelantar en condiciones de seguridad, sino que una vez le exigimos todo el potencial, con la entrada a pleno rendimiento del motor término en conjunto con el eléctrico, el cuentarrevoluciones se sitúa de manera constante en su punto máximo, dando la sensación de “scooter”, es decir, como si estuviéramos exprimiendo la mecánica.

Probablemente ese extra de potencia prometido por Toyota en la nueva versión, utilizado ya por el Lexus UX 250h venga a paliar esa percepción de prestaciones algo “pobres”.

 CONCLUSIONES

La avalancha durante los últimos años de “SUV” en nuestras carreteras, y sobre todo en nuestras ciudades, la mayor parte de ellos de mecánica diésel, ha provocado un aumento alarmante de los niveles de contaminación, que han traído como consecuencia la proliferación de normas de carácter restrictivo para la circulación.

El Toyota C-HR permite sortear las prohibiciones, siendo de esta manera en un vehículo urbano perfecto para el día a día o para escapadas con la familia. Su habitabilidad, comodidad, capacidad de carga y equipamiento tecnológico de primer nivel, le convierten en una alternativa a tener en cuenta para quien no busque una conducción deportiva y valore la economía de uso.

Toyota, con este modelo y otros muchos de su gama, nos está abriendo las puertas del futuro en la vida en las ciudades; sostenibilidad en el transporte a un precio muy competitivo.

Vehículo cedido por Toyota España.

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