Autopasione Aniversario

Se supone que este artículo iba referido a como Noruega en relativamente poco tiempo ha puesto patas arriba su mercado automovilístico consiguiendo que casi el 30% de todo su parque sea eléctrico, de hecho el artículo ya estaba casi acabado pero ante el movimiento del Gobierno de España sobre el futuro eléctrico de la automoción, no nos ha quedado otra que desarmar la entrada original y hacer una nueva.

Yendo por partes, Noruega es el país europeo más avanzado en cuanto a implantación de coches eléctricos y en eso influyen una serie de premisas:

La primera, son las cuantiosas ayudas que da el Gobierno para la adquisición de un vehículo sin emisiones por un lado y la sobrecarga fiscal a la que somete a los vehículos de combustión.

La segunda, una potente infraestructura de postes de recarga, no sólo en centros comerciales o edificios de empresas y gubernamentales, si no en casi cualquier calle puedes ver hileras de monolitos con su cable enchufado al vehículo correspondiente.

Tercera, severas restricciones de acceso que no afectan a este tipo de coches, además de estar exentos de la ORA, por poner un par de ejemplos.

Cuarto y quizás de las más importantes, una nutrida red de transporte público de vehículos no contaminantes que te permiten llegar a casi cualquier punto que uno necesite.

Todos estos factores sumados entre sí dan lugar a que Noruega sea la referencia actual en cuanto electrificación vial y el espejo en el que se miran el resto.

Una vez tenemos claro a quien hay que mirar como alumno aventajado, vemos que los gobiernos de otros países europeos están haciendo importantes desembolsos, hablamos de miles de millones de euros para incentivar entre los ciudadanos la adquisición de un vehículo eléctrico. Aquí hay que añadir la iniciativa privada con plataformas como Ionity, formada por BMW Group, V.A.G., Daimler, Ford y Porsche, para lograr una implantación rápida de supercargadores.

Y por fin llegamos a nuestra “Mi querida España, esta España viva, esta España muerta…” que diría la cantante Cecilia con el anunciado fin, a bombo y platillo, de la venta y uso de vehículos de combustión en los años 2040 y 2050 respectivamente. Una iniciativa valiente y que va en la línea de Francia o Alemania, pero con una pequeña salvedad, MOVALT (sucesor de MOVEA que tenía, ojo, 14,2 millones de euros de presupuesto y del que sólo se consumió el 65%), tiene un presupuesto de 50 millones de euros, ridículo en cualquier escala, una infraestructura inexistente en la mayor parte del país y una escasa concienciación por parte de la ciudadanía.

Además hay que sumar la presión del lobby petrolífero, obviamente se acaba su maná, ojo y son conscientes, de ahí que estén diversificando. Por otro lado fábricas y organizaciones sindicales que prefieren dejar el tema tal cual no sea que unos tengan que invertir ingentes cantidades de dinero para reformar las fábricas y los otros pierdan poder ante nuevos empleos con trabajadores que puede que opten por otros sindicatos más modernos.

Visión cortoplacista para estrujar las inversiones y dejar pasar la oportunidad de que España siga a la vanguardia de la exportación de coches.

Pues bien, desde mi punto de vista, toda esa palabrería y sus quejas vacuas, demuestra que quizás esta nueva ley sea un punto de partida correcto, aunque a día de hoy el coche eléctrico nos siga sugiriendo muchas dudas a más de uno, entre los que me incluyo. A la pregunta de ¿y entonces qué? sigo viendo la pila de hidrógeno como el ganador a la larga, aunque su uso a día de hoy sea aún más testimonial que el eléctrico en España.

Fuente fotografías; Pixabay bajo licencia CC0

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