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Autopasione Aniversario

El día tiene el cielo poblado de nubes, la lluvia cae de forma tímida, y la temperatura se mantiene constante. El paisaje costero con el mar embravecido completa este escenario que nos recuerda al clima de Inglaterra.

Hoy todo va en sintonía en nuestra prueba. Tenemos argumentos de sobra para celebrar nuestro #IAñoAutopasione. Gracias a C.de Salamanca, concesionario oficial Bentley en Marbella, vamos a ponernos al volante de una auténtica joya del automóvil. Por un día vamos sentir lo que transmite este “Steinway Grand” sobre ruedas, ya te adelanto que nos ha sabido a poco. Vamos a vivir en primera persona de que es capaz un Bentley. Hablamos del Bentley Flying Spur afinado y elaborado artesanalmente como el mejor piano del mundo.

Exterior

Tenemos ante nosotros un Bentley de 5,3 metros de longitud y 2,2 metros de ancho, con un peso total de 2.972 kg. Una obra maestra de ingeniería y precisión sobre cuatro ruedas en color verde cypress con llantas 275/35 R 21”. La gran parrilla frontal donde se ubica el radiador tradicional de Bentley domina el frontal. Es como si éste radiador estuviera poblado de numerosas cuerdas de nuestro piano por donde respira la berlina inglesa.

Una obra maestra de ingeniería y precisión sobre cuatro ruedas en color verde cypress con llantas 275/35 R 21”.

A cada lado tenemos sus faros de esfera redonda con luz diurna de LED. Si lo ves de lejos se distingue fácilmente como un Bentley. Nos desplazamos por su lateral para perdernos por las líneas fluidas y rectas hasta una trasera muy al estilo británico, con pocos elementos donde la simplicidad marca la elegancia. Además la trasera queda completada con unos escapes ovalados que nos transmiten elegancia y fuerza, si fueran redondos al completo no hablaríamos de un auténtico “Lord” ingles.

Este Flying Spur tiene carácter, gracias a sus llantas de dimensiones titánicas que suman un plus de distinción en la línea del conjunto. Como todo buen piano destaca por su tamaño.

Interior

Donde realmente marca la diferencia es en los detalles. Pasar al interior es un auténtico disfrute de los sentidos. Cuando abro la puerta me encuentro en un mundo paralelo. Una suave piel acolchada recubre cada lugar donde me llega la mirada. Los asientos son mullidos y acogedores. El volante de bastante grosor y diámetro, es de tres radios. Nos transmite calidez gracias a su tacto mullido y suave. Detrás de éste están ubicadas las levas del cambio, tienen forma de “B” y están terminadas en efecto diamantado.

 

Cierro la puerta y el reloj se detiene pues el sonido del exterior se pierde. Para no perder la noción del tiempo tenemos el reloj “Breitling” que corona la consola central. Parece que cada botón ha sido pensado para que suene y tenga la textura adecuada. Dentro me reciben unos asientos en piel color saddle con el logo de la “B alada” en el reposacabezas, por si se te olvida que estás en un Bentley. Me llama la atención sus pedales de freno y acelerador ubicados muy a la derecha.

Mención aparte son sus plazas traseras con una amplitud poco usual, no tienen que envidiarle nada a las butacas del cine.

El frontal destaca no sólo por el panelado de madera Dark Stained Burr Walnut, sino por la botonadura en acabado aluminio pulido. Es curioso, la marca asegura que utiliza 10 m² de madera para decorar el interior. Las salidas de aire son atemporales en forma de esfera redonda algo que nunca debe de cambiar. Te sientes en una berlina con toque artesanal pero sofisticada a la vez, es una mezcla singular. Mención aparte son sus plazas traseras con una amplitud poco usual, no tienen que envidiarle nada a las butacas del cine. Sentado atrás nos metemos en el papel de una personalidad de la realeza que ve el mundo desde una perspectiva diferente.

Comportamiento

Es el momento más importante, tras ver la precisión de nuestro piano toca sentir su sonido. El Bentley Flying Spur tiene un motor de doce cilindros de 5.998 cm³  y 625 CV. Giramos la llave, es como si tocáramos las teclas del piano pues una melodía aterciopelada emanan de sus escapes. A ralentí es apenas imperceptible sólo lo notaremos en el tacómetro. Sin embargo cuando salimos a la carretera y pisamos el acelerador, la fuerza del motor con 800Nm nos va a catapultar hasta los 320 Km/h. Aunque durante la prueba preferimos ir a velocidad legal. Supero las 2.900 rpm y es como despertar un ser sobrenatural que habita bajo el capó. El sonido del motor se despierta, el frontal se eleva ligeramente y empieza a empujar con la fuerza propia de un tornado. Es el momento donde nos demuestra que es un Bentley de verdad.

Tanta potencia tiene como aliada la caja de cambios de 8 velocidades y tracción a las cuatro ruedas. Por eso me permite acelerar desde parado hasta 100 km/h en 4,6 segundos. Indudablemente el peso y envergadura se nota, aunque la suspensión tiene un tarado idóneo para evitar fatiga con un balanceo apenas inexistente de la carrocería. Parece que vas flotando aunque lo hemos notado menos blando que el Bentley Bentayga. Trazo varias curvas sin balanceo alguno de la carrocería, esta sensación se agradece pues el clima de seguridad y estabilidad es elevada. Conducir una berlina de estas dimensiones y peso impone pero todo está bajo control. Los apoyos en curva son muy buenos, se nota el trabajo en la suspensión para adecuar el equilibrio en cada punto.

Me llama la atención que rápidamente puedes hacerte con la dinámica de conducción. No estaría tan cómodo sino fuera por la ayuda de sus frenos de 405 mm y 335 mm de diámetro. Pueden detener un tren pero se conforman con frenar nuestro Bentley. Conforme pisas actúan a medio recorrido del pedal por lo que la sensación de tranquilidad está garantizada.

Quizá la caja de cambios queda ensombrecida por tanta perfección, pero cambia de velocidad sin apenas notarlo. No llega a ser rápida si queremos hacer una conducción deportiva pero no nos importa. Este Bentley Flying Spur está pensado para que te lleven, pudiendo acomodarte en sus plazas traseras hasta el punto de estirar las piernas cómodamente.

Conclusiones

La mañana ha pasado más rápido de lo esperado y toca devolver la unidad cedida. En mi camino de vuelta no doy abasto en recapitular los detalles que tiene. Es un Bentley de verdad y eso se traduce en más que un vehículo de lujo, una obra de ingeniería artesanal. Tiene líneas atemporales pensadas en superar las expectativas de los gustos más exquisitos. Tras aparcar el Flying Spur, salgo del concesionario con la conciencia de que el ser humano es una especie en extinción sin embargo este Bentley es una invención eterna.  Es un auténtico piano cuidado en su elaboración al milímetro, que emite una melodía sublime y aterciopelada.

Nota: Agradecemos C.de Salamanca su amabilidad y cesión de esta unidad.

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